Se hacen muchos desastres en el nombre del amor

Visto: 250
Se hacen muchos desastres en el nombre del amor

El escritor Walter Riso no tiene intermediarios a la hora de conectar vía telefónica con un periodista. Nunca se ha creído una celebridad por vender millones de libros traducidos en 12 idiomas. Doctor en psicología, especialista en terapia cognitiva y magíster en bioética, saluda y se apura a recibir las interrogantes.

Se encuentra en Medellín y visitará Caracas el próximo sábado 12 de noviembre, en la gran carpa del Hotel Eurobuilding, para la conferencia  El arte de amar sin apegos, que hace referencia a su más reciente libro titulado Ya te dije adiós, ahora cómo te olvido. 

“Imagínate, creo que un alemán pasa por lo mismo que un argentino en cuanto a los dilemas del amor”, justifica con una voz cercana, como ese confidente que ha escuchado los encuentros y desencuentros afectivos  durante toda una vida. Y, precisamente, es lo  que ha hecho durante su carrera.

“Al año puedo cuantificar 35 mil horas de consultas, sin sumar las ocho millones de personas que me escriben por las redes sociales. Es como si atendiera a todo un país, como si me fuera a Venezuela por un año”.

—¿Venezuela, en medio de la crisis política, debería apostar al amor? 
—A Venezuela más que al amor tiene que apostar a la compasión desde lo social. Es lo que se  aplicaría en las relaciones democráticas, tendríamos que profundizar más en el budismo, pero lo mío son las relaciones personales...
—Tiene una amplia bibliografía sobre el amor, ¿escribir sobre cómo superar al “ex” era más complejo?

—No. Este libro es el número 25, he escrito 10 libros de amor y este es el último. No tuve preferencias con la jerarquización temática, solo me guié con los apuntes que me dieron en la universidad cuando estudié. 

—No tuvo que experimentar el rompimiento amoroso para escribir sobre los examores...
—En mis libros no hay vivencias personales.

—Quiere decir que usted no ha sufrido de amor...
—Quizás nunca he sufrido de amor. Tal vez muy poco. Sí, algunos amores en la adolescencia me hicieron sufrir, pero era en la adolescencia. En esa etapa de la vida es muy común.

—“El amor es Dios y Dios es amor”
—Yo tengo una visión del amor menos religiosa y más espiritual, y respeto al de todas las religiones. Separo el amor de cualquier precepto religioso, voy directo al amor de las relaciones.

—El amor siempre cura...
—No siempre, se hacen muchos desastres en el nombre del amor. Algo hacemos mal cuando sufrimos por amor.

—¿Cuáles son esos desastres?
—La infidelidad, el maltrato, el machismo, la soledad. El amor no es una panacea. El amor realista no es eterno ni es perfecto. El amor para los que no somos santos tiene que estar relacionado a la dignidad y al autorespeto.

—¿Cómo se logra hacer eso?
—Poniendo límites, saber elegir, confiar en uno mismo... No crear apegos afectivos.

—Cuando una pareja dice: ‘No puedo vivir sin ti’. ¿Es apego afectivo?
—Sí, porque no es lo mismo necesitar a preferir. Lo ideal es que tu pareja te diga que te prefiere... que prefiere compartir contigo, dormir contigo, ir al cine contigo, quedarse en casa contigo... De lo contrario, la necesidad los llevará al terreno de la adicción y desencadenará posesión, celos y todas las emociones que escuchamos en los boleros...

—No le gustan los boleros...
—Son buenos con un ron venezolano y para recordar  una que otra añoranza, hasta allí... Los boleros son lindos para bailarlos y no para tomártelos en serio... porque si te los crees te llevan a un bajón emocional... Por eso a veces me gustaría prohibirle a mis pacientes que escuchen boleros si están pasando por una ruptura amorosa, cualquier excusa es buena para asociar al amor con el sufrimiento y si te lo cantan más te lo crees. La música tiene ese poder.

—De todas sus consultas, ¿cuál es el testimonio que más le causa sorpresa?
—Cuando llegan y me dicen: ‘Mi pareja está molesta porque no la celo...’. Eso entra dentro del concepto de dependencia afectiva. 

—¿Dígame cuáles son los tres factores que influyen en el fracaso de una relación?
—La idealización, la baja autoestima y la negociación de los principios, en especial el machismo.

—De todas las virtudes, ¿el amor debe ser prioridad?
—La justicia es más importante que el amor, le sigue la libertad, la generosidad y otras más. El amor no es el más importante. De todo queremos hacer drama. 

—¿Qué debemos saber del amor?
—Deben saber solo tres cosas: 1. El amor es recíproco, 2. Cuando alguien duda que te ama verdaderamente no te ama, y 3. No te mereces que te lastimen.

—¿El amor puede ser negativo?
—El amor es, incluso, es  un problema de salud pública... Me gustaría que el amor fuese una asignatura de primaria a la universidad, que estudiáramos amor 1, amor 2, amor 3... 

—Así entenderíamos que el amor de pareja no es para toda la vida o hasta que la muerte los separe...
—El amor no te puede esclavizar, la esclavitud se supero hace muchos años. Creo que la iglesia católica ha cedido y ahora le permite a algunas parejas disolver sus matrimonios. No se puede poner en riesgo la vida por amor. No se puede sostener un matrimonio con un ambiente de desamor porque eso no es amor. Lo bueno es que estamos en una época con líderes con inteligencia emocional, y allí cuento a Papa Francisco. 

—¿Cómo podemos desarrollar inteligencia asertiva para el amor?
—Principalmente aprendiendo a perder. El duelo hay que vivirlo. Eliminar los controles, quitarse la venda de los ojos, alejarse de los amigos tóxicos y con individualismo responsable. Y comprando mi último libro, que es un acompañamiento para el duelo.

Fuente: Luis Aguirre laguirre@panorama.com.ve Diseño: Thajía Di Gaetano